No puedes centrar tu cabeza, te sientes ahogado, cansado y enemistado con el mundo, ante el más ligero mensaje responderás como un lobo. Eres un bote en el mar de las pasiones, la cabeza de un boxeador noqueado, eres un gaucho débil.
Te sientas frente al reloj, pero el barullo que hay en tu mente ya predominó en varias ocasiones. Lo mejor de ese camino es volver atrás sin dejar una huella, sin embargo, el monstruo que viene detrás tuyo se guía por esas marcas y se acerca a ti.
Si cambias de laberinto prepárate para ser tragado, no te aflijas ante el rasguño y camina con certeza hacía el final, lo importante es que hayas buscado la salida y no lloraste ante la bestia, que lejos estuvo de pensar en la piedad.
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