Siempre se necesita ese respiro, ese aire que oxigena la cabeza, que infla el pecho y desfragmenta todos tus pensamientos. No importa, si con ese desahogo, avanzaste casilleros en tu vida. Lo valeroso es que hayas tomado la decisión de aliviarte.
Aléjate de la enajenación.
Cuando regreses serás sapo de otro pozo, pero sabrás como enfrentar el examen final.
Diego Canale
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