En medio del desierto eliges el camino como Edipo y dejas que el azar decida por ti. Tu mente está sometida y un capataz la vigila y la mantiene trabajando. El rencor puede ser una atajo, un atajo a la nada. La felicidad artificial es una cortina de humo que apenas dura algunos días.
En ese momento buscas asesinar a tu cabeza, buscas dominarla con tu ego, pero todo es en vano, pocos frutos caen de tus pensamientos. Esperas que uno de esos manjares se deslice por pura piedad, pero no comprenden la compasión y tu expectativa te nubla toda idea hacia el futuro.
Tu inteligencia juega una muy dura parada y se detiene, se llena de polvo y telarañas y solo de ella florecen trivialidades. Efectivamente, sos uno más en la manada de la ausencia.
Diego Canale
No hay comentarios:
Publicar un comentario