Me observaste mientras me hundía en una fuente
Tu sonrisa iluminó mi caverna
Olvidé el padecer
Y me elevaste hacia la superficie
Las olas inundaron mi cabeza
Prontamente la marea se calmó
E inventamos un juego
que entendíamos nosotros dos
Contagiaste tu claridad para que yo brillara
La presión del hablar no pesaba
Y entre el paisaje deslumbrante
Las horas se fueron calmando
Soportaste con letal atención mis discursos sin sentido
Mientras el viento peleaba contra tu cabello largo y oscuro
Y aunque a veces lo intentaba
El aire no pudo borrar ese rostro risueño
Confirmé que no eras obra del destino
Que no eras un espejismo
Supiste compartirme tus deseos
Y dejaste un rastro en mi imposible de negar
Esperaste sentada en la orilla
Me demostraste que el amor no hay hadas
Y cuando las máscaras volaron seducidas por el viento
Me invitaste al bosque a seguir la batalla juntos.
Diego Canale
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