Preferimos tapar el bache a plantar nuevamente una existencia. Necesitamos el atajo, ya que volver a comenzar nos resulta embarazoso. Festejamos ese instante de alegría e ignoramos la contaminación que se vendrá luego de esa exaltación.
Queremos girar en un día, intentamos terminar nuestra vida en tres meses, porque creemos que muy pronto nos alcanzará ese espanto que tanto nos atemoriza.
Penetrar ese arcoiris de sentimiento y lograr escaparle a la ignorancia es cada vez más complicado. Muy pronto serán escasos esos lugares donde te contagiarán ese bello arte y deberás preguntarle al sabio río dónde están. Él se burlará de tu desconocimiento y pocos senderos luminosos tendrás para transitar.
Queremos romper las cadenas, de esa libertad que no envenena. Pocos nos importan los espejos lastiman, ya que comprendemos que ellos solamente reflejarán un abrazo, un río manso, un cielo desahogado.
Aunque los perros, amantes del conformismo, ladren por su incomodidad y por la perdida de sus ideales, siempre los enfrentaremos con la palabra y, aunque sean tercos en su opinión, no nos contagiaran.
Sigamos siendo liebres escapando de los disparos.
No intentemos transformarnos en lobos.
Bailemos ese ritmo que solo conocemos nosotros.
No intentemos transformarnos en lobos.
Bailemos ese ritmo que solo conocemos nosotros.
Diego Canale
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