La decisión surgió en un instante de lucidez, pero la valentía te impedía pisar lo desconocido.
Estás con pavor frente a ese muro que calienta tu torso y acelera tu corazón. Quieres saltarlo, pero tienes miedo que no haya nadie que te ataje cuando caigas al abismo.
Te lanzaste y el aire te embolsó haciéndote ver las maravillas a tu alrededor. Sin embargo, tu carne sigue trémula y el terror te vuelve tan lánguido como al principio.Finalmente te desplomaste ante el suelo, pero el hecho se consumó y tus latidos se llenaron de exaltación.
Afloraste un oasis donde solo crecían yuyos.
Diego Canale
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